La resolución de la crisis del parlamento ha dado lugar a encontradas opiniones en la prensa internacional. La entrada de los diputados suplentes conforma un escenario que desbloquéa la situación entre legislativo y ejecutivo, escenario en el que el presidente apuesta a que este parlamento acceda a la formación de una asamblea constituyente.
La BBC titula " Ecuador: vuelta a la "normalidad" y comenta que "Las editoriales de algunos diarios sugieren por otra parte que, aunque se ponga en duda la legalidad del procedimiento, se logró recuperar cierta estabilidad institucional y la esperanza de una salida a la crisis política."
Sin embargo la reacción más drástica viene de parte de El País - que acusa al presidente Rafael Correa con un rotundo titular "Caudillismo ecuatoriano" que además inicia con la frase "El presidente de Ecuador tiene mucha prisa por controlar todos los resortes del poder." El País ha venido adoptando desde hace un tiempo una "línea dura" hacia los presidentes, en el orden Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa, en parte cediendo al estereotipo tradicional de que el mayor peligro en la región siguiría siendo la figura del caudillo, formulación que sin embargo en España tiene una connotación que la asocia a Franco.
Una crítica moderada viene sin embargo del lugar de donde, por reflejo, se podría esperar una reacción más conservadora: "Bolivia and Ecuador are unlikely to give into the temptation of authoritarianism and to follow Venezuela in centralizing power...." declara en entrevista a Reuters el "U.S. Assistant Secretary of State Thomas Shannon." ["Es improbable que Bolivia y Ecuador cedan a la tentación del autoritarismo y sigan a Venezuela en la centralización del poder..."]. Mientras el New York Times simplemente adopta la información de la Agence France Press AFP en tono neutro.
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Un excelente artículo de fondo, como se decía antiguamente. Sin embargo, en mi modesta opinión, el caudillismo es un mal, un defecto, en Latinoamérica que viene desde la época de Simón Bolívar, el primer caudillo del subcontinente en los principios del siglo XIX. En Europa, en España, se lo entiende así, aunque en la propia América Latina pueda tener otra connotación. Europa aboga por la democracia plena, con sus defectos, que en Latinoamérica todavía es una asignatura pendiente, a pesar de los progresos en la materia. Se ha avanzado en las últimas tres décadas en Latinoamérica, ya no hay golpes de Estado ni dictaduras militares y los movimientos guerrilleros no cuentan con el apoyo ni siquiera de Fidel Castro. Latinoamérica tiene que ver hacia donde va el mundo y comprender la fuerza de la Ley del Mercado y la globalización, pero siempre defendiendo sus derechos e intereses. América Latina tiene que aprender a crear riquezas y repartirarlas con justicia, sacándole provecho al valor añadido. Por poner sólo un ejemplo, Venezuela exporta petróleo pero hay países que transforman la materia prima, ahí está el caso de la Du Pont que fabrica los trajes para los astronautas. ¿Qué futuro tienen los hijos, los nietos, las generaciones futuras de los venezolanos si dentro de 50 años se acabarán las reservas petrolíferas?. Europa trabaja en la investigación, el desarrollo y la inversión. América Latina debería tomar buena nota de los países desarrollados porque todo está inventado, pero aparte Europa crea vanguardias de desarrollo. Es mi modesta opinión, hecha de buena fe y mejor voluntad, recordando el último poema del gaucho Martín Fierro: "que no sea para mal de ninguno, sino para el bien de todos".